Vitria, Muchachitas no… Vitraleras – Experiencias en La Habana

Vitria, Muchachitas no… Vitraleras – Experiencias en La Habana

6 mayo, 2019 0 Por gilberto

«Tomado de Cuballama»

En las intricadas calles de La Habana Vieja, el antiguo Convento de Santa Clara, protagonista de más de una leyenda y polémicas, acoge tras sus muros sorpresas y, entre ellas, un proyecto de jóvenes emprendedoras que combinan la centenaria tradición del vitral con novedosas tendencias estéticas y de gestión.

Adriana de la Nuez e Irena Martínez se graduaron de la especialidad de Vidrio en la Escuela Taller de La Habana Gaspar Melchor de Jovellanos, y trabajaron un tiempo en la empresa constructora Puerto Carenas. Allí pusieron muchos cristales en puertas y ventanas, pintaron rejas… pero necesitaban volcar su creatividad y conocimientos en algo que las hiciera crecer. Entonces se enteraron de que la Oficina del Historiador de la Ciudad estaba apoyando proyectos emergentes y le presentaron la idea de Vitria. Luego de meses de espera, ya fuera por trámites y permisos o por falta de materiales o de lugar para trabajar, en 2014 les prestaron un ala del convento y allí comenzaron.

Vitria La Habana

Desde el inicio apostaron por un modelo de negocio híbrido en el que aprovecharan todas las capacidades adquiridas durante sus formaciones y prácticas laborales —son también licenciadas en Gestión y Preservación del Patrimonio Histórico y Cultural por el Colegio Universitario San Gerónimo—, a las cuales suman la energía de su juventud.

En Vitria nada se bota

Con una variada cartera de productos y servicios que incluye la restauración, elaboración e instalación de vitrales, además de otras creaciones de menor formato, en Vitria nada se bota. Los restos de cristal sobrante de las grandes y medianas producciones se convierten en lámparas, posavelas, collares, atrapasueños, adornos de pared y de mesa… Adriana e Irena exploran las múltiples posibilidades creativas del cristal, mezclándolo con metal, madera y materiales u objetos aparentemente inservibles.

Esta práctica ha sido muy útil, tanto para el negocio como para el medio ambiente: por una parte, permite optimizar costos y diversificar productos, y por otra, contribuye a la sostenibilidad, al estar a tono con la conocida regla de las 3R popularizada por la ONG Greenpeace, que llama a Reducir, Reutilizar y Reciclar toda materia que se emplee en la producción para minimizar los desechos contaminantes.

En cuanto a la elaboración de vitrales, se han centrado en la realización de trabajos por encargo. El Convento de Santa Clara les ha permitido desarrollarse profesionalmente, pero sus características arquitectónicas las aísla del mundo exterior, y actualmente no disponen de un local estable para vender sus piezas, por lo que necesitan clientes seguros para no desperdiciar material.

Vitria en La Habana

«Trabajamos enfocadas en el pedido de los clientes, que generalmente nos piden vitrales para puertas, ventanas, marquesinas. Tenemos una cartera de referencia y sugerimos una línea que puede ser más tradicional o moderna, abstracta o figurativa, pero la decisión final siempre la dicta el cliente. Muchas veces llegan y te dicen “quiero esta imagen”, otras veces ni saben lo que quieren, pero la tendencia va por flores y pajaritos».

Combinar «lo útil y lo bello»: uno de los retos principales de Vitria

Es imprescindible, para un proyecto autogestionado y de reciente creación, contar con las reglas del mercado, que a veces puede ser caótico, con clientes por lo general desorientados y otros cuya visión está anclada al referente Tiffany desarrollado entre 1878 y 1933 en la Tiffany Studios en Nueva York, que si bien marcó un hito en la decoración de su época, ha evolucionado para adecuarse a las tendencias arquitectónicas contemporáneas. El diálogo con los clientes para combinar «lo útil y lo bello» constituye uno de los retos principales de Vitria.

«Vamos sacando las ideas, las esbozamos a mano, se lo enseñamos, y si están de acuerdo, lo procesamos en la computadora en Photoshop para llevar esa maqueta al vitral. Estudiamos, previamente, el espacio en el que será ubicado, para ver los colores y las formas del ambiente, de manera que nuestro encargo armonice».

Aunque su rango de precios está sobre los 300 CUC por metro cuadrado, esa cifra puede aumentar según la complejidad del producto, la cantidad de piezas que requiera, los colores, o los detalles pintados, pues en los vitrales, más que el tamaño, determina la cantidad y la forma de las piezas.

«Hemos hecho trabajos puntuales con la Oficina del Historiador, y hace poco prestamos nuestros servicios a una inmobiliaria estatal. Pero nuestros clientes principales son particulares, tanto para casas, como para negocios. Cuando empezamos no teníamos idea de cuánto se cobraba; averiguamos con profesores nuestros y pusimos un precio. No ha pasado que ningún particular nos pida diez metros cuadrados de vitral. Casi siempre solicitan creaciones para espacios más pequeños, que muchas veces no llegan al metro cuadrado, y quieren hacer un diseño muy cargado, que lleva mucho trabajo. Mientras más líneas y espacios pequeños, más complejo se vuelve. Por eso siempre le damos al cliente un aproximado, más el precio se fija luego del diseño. Hace poco hicimos un pavo real de trescientas piezas, y solo medía medio metro cuadrado. Trabajamos en él más de un mes. Por eso, además del tamaño, hay otras condicionantes que influyen: a veces se cobra el material y otras, el esfuerzo».

Una de las mayores dificultades para el negocio de Vitria está en los materiales, porque el vidrio es necesariamente importado, y las herramientas se compraron con el capital inicial.

«Estamos trabajando con los materiales con los que inauguramos la cooperativa. Para eso tú debes contar con un capital primario, pero nosotras éramos estudiantes y no teníamos cómo sacar nada. La Oficina del Historiador gestionó un presupuesto con la Oficina de Cooperación Internacional. Con ese dinero, que nunca tuvimos en la mano, pudimos seleccionar qué nos hacía falta comprar.

»Cuando trabajamos con alguna institución estatal, ellos pueden comprar vidrios, y nosotras solo ponemos la mano de obra. Con la Oficina del Historiador nos entendemos muy bien porque ellos gestionan las cosas muy rápido. Con el particular lo tenemos que poner todo, pero generalmente gastamos menos porque son trabajos de formato pequeño o mediano».

Para algunos puede resultar sorprendente ver cómo dos mujeres tan jóvenes llevan a cabo un oficio tan complejo, que requiere cierta fuerza física. Aunque las emprendedoras confiesan «coquetear» con el feminismo, rechazan la ideología «feminazi» —término empleado entre los jóvenes para describir la máxima que dicta: «Las mujeres somos mejores que los hombres». Adriana e Irena reconocen que ambos tienen las mismas capacidades y la clave está en demostrar las suyas sin solapar las de los otros. «A veces tenemos que imponernos. Mujeres, delgaditas… Muchos nos dicen “yo te cargo la escalera” o “¿y tú te vas a subir ahí?”, “¿tú puedes cargar ese vitral?”, “yo vivo en un tercer piso y hace falta colgarse de la azotea”. En el fondo piensan: “Pobrecitas ellas no pueden”.

«Buscan la figura masculina, y que nos conozcan y digan “esas muchachitas hacen de todo” ayuda a romper el tabú. En el Palacio del Segundo Cabo trabajamos a seis niveles de andamios, poniendo los cristales en el salón de protocolo. A lo mejor un hombre fuerte puede cargar un vitral él solo, nosotras lo hacemos entre las dos, pero no es una limitante».

El trabajo de Vitria ha sido reconocido en varios espacios. Han sido portada en publicaciones como Negolution, revista de emprendedores cubanos que circula en el alternativo «paquete semanal»; también han participado en audiovisuales como Mujeres… los poderes vitales del éxito, realizado por el Proyecto Palomas. Aunque su cooperativa todavía está en fase de consolidación, su empeño y capacidad para dialogar con varios públicos, auguran a estas jóvenes un futuro colorido, como sus vitrales, entre los emprendedores de la isla.